- Lo lamento.
- No te disculpes. Nunca temas decirme lo que sientes. Si eso es lo que necesitas...
  Tú eres mi prioridad número uno.
- No me refería a eso. No se trata de que elijas.
- Ya lo sé. Además, no es eso lo que me has pedido. Me has ofrecido las dos opciones que puedes soportar tú, y he escogido la que puedo soportar yo. Así es como se supone que funciona el compromiso.