Te odié como nunca pensé que iba a odiar... La sensación de ser tu trapo, de ser solo tu abrigo en noches de bajas temperaturas o ser el hielo para calmar tu calor corporal, nunca me dejaba del todo contenta. Pero aun así seguía, porque te quería. Sé muy bien que no fui el tesoro perfecto, que yo era más feliz que tú en esos momentos, que era yo la que simplemente se emocionaba cada vez que le hablabas. Lo sé, tengo el título de imbécil pegado en la pared, esa que a veces me escucha maldecirme a mí misma por ser tan ingenua.










